Nos
levantamos en Toronto y estaba nevando. Este año todavía no habíamos visto
nevar ya que la única vez que nevó en nuestra ciudad este invierno nos pilló en
Fuerteventura.
A las cinco y media de la mañana nos recogió el shuttle en el hotel y nos llevó al aeropuerto. Como las maletas habían pasado la noche allí no pasamos mucho rato haciendo el check-in y nos fuimos directos a desayunar. La salida estaba prevista a las ocho de la mañana pero aunque embarcamos a la hora prevista entre la nieve y que estuvieron preparando el avión, despegamos a las nueve de la mañana. Había que ir acostumbrándose al ritmo cubano…
Sobre
las doce y media del mediodía aterrizamos en el aeropuerto José Martí con
nuestro abrigo, gorro, guantes,… El aeropuerto es pequeño y se encuentra en el
municipio de Boyeros, a 18 kilómetros de La Habana.
Una
vez en el aeropuerto lo mejor es cambiar el chip y ponerlo a ritmo cubano. Las
maletas se hicieron derogar y después de un buen rato viendo pasar las mismas
maletas ¡¡¡ por fin aparecieron las nuestras!!!
Antes
de marchar del aeropuerto cambiamos dinero. Para cambiar dinero hay que salir
del aeropuerto y buscar la cola en la parte izquierda de la puerta principal,
frente a los taxis. Teníamos pensado desplazarnos en taxi desde allí a La
Habana, así que preguntamos cuanto nos cobraban y como nos dijeron directamente
que 25 CUC, aceptamos. Nos habían recomendado pactar el precio con los taxistas
antes de montarnos en el coche y que el precio de la ruta aeropuerto-La Habana
rondaba los 25-30 CUC.
Salimos
a las dos y cuarto del aeropuerto y llegamos al alojamiento que teníamos
reservado sobre las tres de la tarde. Estaba en la calle Trocadero, en el
centro de La Habana, entre el Capitolio y el Malecón, muy bien situada.
La
habíamos reservado unos días antes a través de airbnb. Se llama Casa Mac y en
ella viven Joaquin, su mujer, su hijo y su perro Mac. Ellos alquilan una
habitación con baño privado y disponen de wifi. El precio es de 30 CUC si la
reservas por airbnb, 25 si lo haces directamente con ellos y el wifi cuesta una
hora 3 CUC y todo el día 5 CUC.
Nosotros
hablamos con Joaquín y quedamos en pagarle 5 CUC por los 2 días ya que solo
íbamos a usarlo un rato por la noche y
por la mañana antes de salir. Ellos no
dan desayunos ni cenas pero conocen a una persona que vive cerca que puede
hacerte el desayuno y la cena.
Estuvimos
dos noches alojados con ellos. Aunque pasamos prácticamente los dos días
paseando, paseando y paseando por La Habana, cuando llegábamos a casa nos
pasábamos un buen rato charlando con ellos antes de ir a dormir. Hablar con
Joaquín era una auténtica gozada.
Después
de conocernos y dejar las maletas en la habitación, salimos a buscar algo para
comer. Nada más salir nos topamos con el Paseo de Martí (Prado) y vimos un bar
donde ponían hamburguesas, sándwiches, bocaditos y alguna otra cosilla. El
sitio tenía unas mesas para poder sentarse tranquilamente y el precio ha sido
de lo más barato que hemos visto por La Habana. Y, por cierto, para mi han sido
los mejores sándwiches que he comido en Cuba.
El
Paseo de Martí o Prado fue la primera
avenida fuera de los muros de la ciudad. Comenzó a construirse en 1.770 y los
leones de bronce que hay en ambos extremos no se añadieron hasta 1.928.
Mientras
recorremos el paseo nos encontramos con la Escuela Nacional de Ballet, el
Palacio de los Matrimonios, el Teatro Fausto. Además nos podemos encontrar con
un pequeño mercado al aire libre donde venden cuadros así como niños jugando al
fútbol o parejas bailando con su música.
Bueno,
ya teníamos donde dormir y el estómago lleno así que tocaba empezar a ver La
Habana. Empezamos a andar y lo primero que nos encontramos fue El Floridita.
En
un extremo de la calle Obispo, este bar conocido como la cuna del daiquiri se
dio a conocer debido a que Hemingway lo frecuentaba. El nombre se debe a que
era el lugar favorito de estadounidenses expatriados.
Serían
las cinco de la tarde y aunque no es una hora muy habitual para tomarse una
copita, pensamos, ¡¡Y qué más da!!, ¡¡Estamos de vacaciones y en Cuba!!! Pues
eso, que entramos y nos tomamos un Daiquiri, pero uno, porque aunque sean
famosos no es que estén muy buenos y, además, como esperábamos, a un precio
elevado, 6 CUC cada uno.
El
bar estaba lleno y aunque había música, la gente estaba sentada charlando y
bebiendo, a esa hora no había mucho ambiente.
Aprovechando
que era domingo y nos habían recomendado ver el Malecón en domingo, decidimos
coger la Avenida de las Misiones pasando por el Museo Nacional de Bellas Artes,
el Museo de la Revolución y el Pabellón Granma hasta la Plaza
13 de Marzo. Cruzamos la plaza entre chavales jugando al fútbol
y rodeamos el Parque de los Enamorados (aquí
se conserva una parte de la cárcel colonial donde estuvieron encarcelados
muchos patriotas Cubanos, uno de ellos José Martí) para cruzar a lo loco la carretera
hasta el Castillo de San Salvador de la Punta,
una de las cuatro fortalezas que defiende el puerto de La Habana y donde cada
noche se extendía una cadena de 250 metros hasta el castillo de El Morro para
cerrar el puerto a los barcos. Desde aquí empezamos a pasear por el Malecón hasta llegar al Hotel Nacional.
Al
ser domingo, los Habaneros se juntan allí para hablar, beber, tocar música,
cantar, ligar, pasar el rato en familia... Hay un ambiente especial y después
de ir caminando hasta el Hotel Nacional regresamos al punto de inicio para sentamos
a disfrutar de la puesta de sol. ¡¡Impresionante!! ¡¡Fue increíble!!
Ya
era de noche y decidimos callejear un rato antes de volver a casa. En La Habana
hay mucho ambiente por las calles, la gente está en la puerta de casa, en el
balcón, hablando con la familia, con los amigos o con los vecinos.
Aunque
allí era invierno hacía bastante calor así que antes de subir a casa nos
tomamos una cervecita bien fría en un bar. Una vez en casa, antes de irnos a
dormir estuvimos charlando un rato con Joaquín y su mujer, los dueños de la
casa.
Ioana y Fermin.
Ioana y Fermin.











