domingo, 10 de septiembre de 2017

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Cuba Día 2 - La Habana



Hacia las siete de la mañana nos despertó el “panadero”.  Como habíamos madrugado mucho el día anterior y por la noche nos fuimos temprano a dormir, aprovechamos que nos despertamos pronto para seguir descubriendo la ciudad.



Fuimos hacia la calle Obispo en busca de un sitio para desayunar. Hay que saber que en Cuba las cafeterías no abren muy temprano; el horario de apertura suele ser entre las nueve y las nueve y media. Casi llegando a la Plaza de Armas encontramos la cafetería San José con mesas en la calle y nos pareció un buen sitio para desayunar. La cafetería tiene dos plantas, abajo una panadería y pastelería en la que puedes comprar algo dulce, es barato, y arriba te ponen el café y también tienen alguna cosa salada como sándwiches.






La calle Obispo, estrecha y peatonal, se encuentra en La Habana Vieja repleta de bares, tiendas y galerías de arte. Dependiendo el momento en el que vayamos está repleta de gente y tiene mucho ambiente. Muchos de los bares tienen música en directo así que podemos animarnos a bailar. Esta calle va desde la Plaza de Armas hasta la Avenida del Puerto, cerca de El Floridita.
 

En esta calle podemos visitar el Museo de Numismática con varias colecciones de medallas, monedas y billetes, el Museo 28 de Septiembre de los Comités de Defensa de la Revolución, el Museo de Pintura Mural con frescos originales y el Edificio Santo  Domingo donde en 1.728 se estableció la Universidad de La Habana.



Ya con las pilas cargadas comenzamos a andar. Como estábamos ya en la Plaza de Armas empezamos por ahí. Es la plaza más antigua de la ciudad, construida en 1.520 tuvo como primer nombre Plaza de la Iglesia pero se le conoció como Plaza de Armas cuando el Gobernador la utilizó para llevar a cabo ejercicios militares. En el centro de la plaza podemos encontrar una estatua de Carlos Manuel de Céspedes, en el lado este el Palacio de los Condes de Santovenia que actualmente es un hotel y el Museo Templete, en el lado oeste el Palacio de los Capitanes Generales que alberga el Museo de la Ciudad, en la zona noroeste el Palacio del Segundo Cabo que sirve como librería y en la zona de la plaza que da al mar está el Castillo de la Real Fuerza construido entre 1.558 y 1.577 donde se encuentra el Museo de la Navegación.








Deshicimos unos metros de la calle Obispo para entrar en la calle Mercaderes y recorrerla hasta llegar a la Plaza Vieja.



Esta calle restaurada es casi igual a la original del siglo XVIII. Mientras la recorremos podemos hacer varias paradas. El Museo Casa de Asia cuenta con esculturas y cuadros de China y Japón, la Armería 9 de Abril es un museo que anteriormente fue una armería y que fue asaltada el 9 de abril de 1.958 por los revolucionarios y el Museo de los Bomberos dedicado a 19 bomberos que perdieron la vida en un incendio ferroviario. Si al llegar a la altura de la calle Obrapia nos desviamos en esta nos encontramos con la Casa de Africa donde podremos ver objetos relacionados con la santería.






Después de un buen rato llegamos a la Plaza Vieja. Diseñada en 1.559 en sus orígenes se conocía como Plaza Nueva utilizándose para realizar ejercicios militares. Actualmente está llena de cafés, restaurantes y hasta una microcervecería. En ella está la escuela de primaria Ángela Landa y podemos ver a todos sus alumnos haciendo gimnasia en una parte de ella.



Nosotros desde aquí cogimos la calle San Ignacio para llegar a la Iglesia de San Fco. De Paula y al Centro Cultural de los Antiguos Almacenes de Depósito San José.






Salimos del mercado y nos dirigimos a la calle Cuba, donde se puede ver el Gimnasio de Boxeo Rafael Trejo, la calle Acosta, calle Bernaza, Plaza del Cristo, calle Villegas, calle Empedrado, Parque San Juan de Dios y antes de llegar a la Plaza de la Catedral nos encontramos con la Bodeguita.



 







Como con la Floridita, entramos sabiendo que no íbamos a tomar el mejor mojito de Cuba, y así fue. El sitio es pequeño y aunque está siempre lleno de gente conseguimos sentarnos y tomar el mojito tranquilamente. El precio del mojito es de 5 CUC y sinceramente cualquiera de los mojitos que hemos tomado en las casas donde nos hemos alojado era mejor que este.




Con el mojito subiendo hacia la cabeza, seguimos el camino. Paramos en la Plaza de la Catedral para entrar a ver la Catedral de La Habana.



La Plaza de la Catedral se construyó en el siglo XVIII siendo la más nueva de las cuatro. Todos los edificios pertenecen al barroco cubano como la catedral de San Cristóbal de la La Habana cuya construcción comenzó a manos de los jesuitas en 1.748. Los restos de Colón estuvieron aquí antes de ser trasladados a la Catedral de Sevilla.  





Ya con bastante calor continuamos por la calle Tacon y al pasar por la calle Chacon vimos un bar que nos gustó para hacer otra parada y tomar algo que el calor ya apretaba.



Yo tenía muy claro que quería dar una vuelta por la ciudad montada en un coche clásico americano. Así que como ya hacía demasiado calor para andar decidimos aprovechar esas horas para ir en el coche. Hay varios lugares en los que poder encontrarlos. Tanto frente al Museo de la Revolución como en el Parque Central siempre se pueden encontrar.



Se pueden hacer varios recorridos. Nosotros estábamos interesados en ir hasta la Plaza de la Revolución que es la zona que está más alejada para ir andando.



El recorrido de más o menos de una hora costaba 40 CUC. Como todo, se puede regatear, pero el precio que se paga es ese. Nuestro recorrido comenzaba en el Capitolio Nacional hacia la Universidad de La Habana para llegar a la Plaza de la Revolución, aquí hicimos una parada para poder pasear por ella y hacernos unas fotos, continuamos hacía la Necrópolis de Cristóbal Colón rodeándola para ir hasta el Parque Lennon, continuar hacia la Avenida de los Presidentes y pasando junto al Hotel Nacional meternos en el Malecón para volver al punto de partida.

Aquí está el vídeo del recorrido en coche:  https://youtu.be/Duh1DazVzTQ





Casi sin darnos cuenta ya era la hora de comer y entramos en un restaurante en la calle Cuarteles. Al principio el sitio prometía, tenía un patio interior, una carta bastante amplía y unos precios bajos. Cuando nos sentamos la camarera nos trajo la carta y la sorpresa vino cuando se acercó a nosotros para ver si ya habíamos decidido y nos dijo que solo tenía un par de cosas de la carta. Al principio pensamos que lo lógico hubiera sido darnos ese dato antes de pasar quince minutos eligiendo algo de la carta, pero durante los días que hemos pasado en Cuba nos hemos dando cuenta que allí nada es lógico. De hecho, nos pasó en más restaurantes.



A parte de esto, cuando nos sentamos en la mesa nos dimos cuenta que no estaba muy claro si estábamos en un restaurante o en la peluquería. Estábamos rodeados de aparatos de peluquería.



Después de “comer”, nos dirigimos a la calle Obispo donde hay una pizzería que está muy bien. Yo aproveche para comer una, en el restaurante anterior no había podido comer nada y Fermín se cogió un helado.





Otro de los lugares que queríamos visitar en la ciudad era el la Necrópolis de Cristóbal Colón y Fermín tenía muchas ganas de montarse en Coco Taxi, así que fuimos a preguntar cuanto nos cobraban por llevarnos al Cementerio ya que está algo lejos para ir andando. El taxista nos pedía 13 CUC por el viaje de ida y 20 CUC por el viaje de ida y vuelta más el servicio de guía en el cementerio. Nos pareció bastante caro así que decidimos no ir.



Otra opción para llegar al cementerio era pagar 10 CUC en el autobús turístico que tiene parada  en  el mismo cementerio. El problema que teníamos era que el cementerio cierra a las cinco de la tarde y no íbamos a disponer de mucho tiempo si usábamos este autobús.



Así que decidimos dejar la visita al cementerio para otro día y nos fuimos a ver el Museo de la Revolución. Se encuentra en la Avenida Bélgica y el edificio fue el antiguo Palacio Residencial construido entre 1.913 y 1.920 y decorado en su interior por Tiffany´s fue utilizado por varios presidentes siendo Fulgencio Batista el último.



En el museo podemos encontrar exposiciones y colecciones con objetos como documentos, fotografías, armas, fotografías sobre la lucha revolucionaria y la historia de Cuba. Por orden cronológico vamos descendiendo desde la última planta donde nos encontramos con la cultura precolombiana del país hasta llegar al régimen socialista actual. En el espacio posterior se encuentra el Pabellón Granma que es un homenaje al barco que traslado a Fidel Castro desde México hasta Cuba.



El horario es de 9 de la mañana a 5 de la tarde y el precio de la entrada es de 8 CUC por persona y aunque hace un tiempo se cobraba por hacer fotos ahora parece ser que no. No se puede entrar con bolso o mochila, hay que dejarla antes de acceder al museo.







Después de ver el museo nos dirigimos a ver el anochecer al Malecón. Era lunes, así que no encontramos el mismo ambiente del día anterior, pero se estaba estupendamente. Tuvimos la oportunidad de ver un rito de santería. Mientras estábamos sentados mirando al mar y como intentaban pescar algunas personas llegaron dos personas que se acercaron hasta el agua donde comenzaron a tirar cocos al agua y a agitar unas maracas. La pena es que no nos enteramos que estaban haciendo…








 

Desde aquí decidimos volver a casa y comprar algo de cena por el camino. Estábamos muy cansados y necesitábamos una ducha y descansar. Sabíamos que al día siguiente nos esperaba un duro día y como el día anterior, al llegar a casa queriamos charlar un rato con Joaquín y su mujer.

Ioana y Fermin.
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miércoles, 16 de agosto de 2017

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Cuba Día 1 - La Habana


Nos levantamos en Toronto y estaba nevando. Este año todavía no habíamos visto nevar ya que la única vez que nevó en nuestra ciudad este invierno nos pilló en Fuerteventura.


A las cinco y media de la mañana nos recogió el shuttle en el hotel y nos llevó al aeropuerto. Como las maletas habían pasado la noche allí no pasamos mucho rato haciendo el check-in y nos fuimos directos a desayunar. La salida estaba prevista a las ocho de la mañana pero aunque embarcamos a la hora prevista entre la nieve y que estuvieron preparando el avión, despegamos a las nueve de la mañana. Había que ir acostumbrándose al ritmo cubano…

Sobre las doce y media del mediodía aterrizamos en el aeropuerto José Martí con nuestro abrigo, gorro, guantes,… El aeropuerto es pequeño y se encuentra en el municipio de Boyeros, a 18 kilómetros de La Habana.

Una vez en el aeropuerto lo mejor es cambiar el chip y ponerlo a ritmo cubano. Las maletas se hicieron derogar y después de un buen rato viendo pasar las mismas maletas ¡¡¡ por fin aparecieron las nuestras!!!

Antes de marchar del aeropuerto cambiamos dinero. Para cambiar dinero hay que salir del aeropuerto y buscar la cola en la parte izquierda de la puerta principal, frente a los taxis. Teníamos pensado desplazarnos en taxi desde allí a La Habana, así que preguntamos cuanto nos cobraban y como nos dijeron directamente que 25 CUC, aceptamos. Nos habían recomendado pactar el precio con los taxistas antes de montarnos en el coche y que el precio de la ruta aeropuerto-La Habana rondaba los 25-30 CUC.

Salimos a las dos y cuarto del aeropuerto y llegamos al alojamiento que teníamos reservado sobre las tres de la tarde. Estaba en la calle Trocadero, en el centro de La Habana, entre el Capitolio y el Malecón, muy bien situada.


La habíamos reservado unos días antes a través de airbnb. Se llama Casa Mac y en ella viven Joaquin, su mujer, su hijo y su perro Mac. Ellos alquilan una habitación con baño privado y disponen de wifi. El precio es de 30 CUC si la reservas por airbnb, 25 si lo haces directamente con ellos y el wifi cuesta una hora 3 CUC y todo el día 5 CUC.

Nosotros hablamos con Joaquín y quedamos en pagarle 5 CUC por los 2 días ya que solo íbamos  a usarlo un rato por la noche y por la mañana antes de salir.  Ellos no dan desayunos ni cenas pero conocen a una persona que vive cerca que puede hacerte el desayuno y la cena.


Estuvimos dos noches alojados con ellos. Aunque pasamos prácticamente los dos días paseando, paseando y paseando por La Habana, cuando llegábamos a casa nos pasábamos un buen rato charlando con ellos antes de ir a dormir. Hablar con Joaquín era una auténtica gozada.

Después de conocernos y dejar las maletas en la habitación, salimos a buscar algo para comer. Nada más salir nos topamos con el Paseo de Martí (Prado) y vimos un bar donde ponían hamburguesas, sándwiches, bocaditos y alguna otra cosilla. El sitio tenía unas mesas para poder sentarse tranquilamente y el precio ha sido de lo más barato que hemos visto por La Habana. Y, por cierto, para mi han sido los mejores sándwiches que he comido en Cuba.


El Paseo de Martí o Prado fue la primera avenida fuera de los muros de la ciudad. Comenzó a construirse en 1.770 y los leones de bronce que hay en ambos extremos no se añadieron hasta 1.928.

Mientras recorremos el paseo nos encontramos con la Escuela Nacional de Ballet, el Palacio de los Matrimonios, el Teatro Fausto. Además nos podemos encontrar con un pequeño mercado al aire libre donde venden cuadros así como niños jugando al fútbol o parejas bailando con su música.




Bueno, ya teníamos donde dormir y el estómago lleno así que tocaba empezar a ver La Habana. Empezamos a andar y lo primero que nos encontramos fue El Floridita.
En un extremo de la calle Obispo, este bar conocido como la cuna del daiquiri se dio a conocer debido a que Hemingway lo frecuentaba. El nombre se debe a que era el lugar favorito de estadounidenses expatriados.

Serían las cinco de la tarde y aunque no es una hora muy habitual para tomarse una copita, pensamos, ¡¡Y qué más da!!, ¡¡Estamos de vacaciones y en Cuba!!! Pues eso, que entramos y nos tomamos un Daiquiri, pero uno, porque aunque sean famosos no es que estén muy buenos y, además, como esperábamos, a un precio elevado, 6 CUC cada uno.

El bar estaba lleno y aunque había música, la gente estaba sentada charlando y bebiendo, a esa hora no había mucho ambiente.






Aprovechando que era domingo y nos habían recomendado ver el Malecón en domingo, decidimos coger la Avenida de las Misiones pasando por el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de la Revolución y el Pabellón Granma hasta la Plaza 13 de Marzo. Cruzamos la plaza entre chavales jugando al fútbol y rodeamos el Parque de los Enamorados (aquí se conserva una parte de la cárcel colonial donde estuvieron encarcelados muchos patriotas Cubanos, uno de ellos José Martí) para cruzar a lo loco la carretera hasta el Castillo de San Salvador de la Punta, una de las cuatro fortalezas que defiende el puerto de La Habana y donde cada noche se extendía una cadena de 250 metros hasta el castillo de El Morro para cerrar el puerto a los barcos. Desde aquí empezamos a pasear por el Malecón hasta llegar al Hotel Nacional.






Al ser domingo, los Habaneros se juntan allí para hablar, beber, tocar música, cantar, ligar, pasar el rato en familia... Hay un ambiente especial y después de ir caminando hasta el Hotel Nacional regresamos al punto de inicio para sentamos a disfrutar de la puesta de sol. ¡¡Impresionante!! ¡¡Fue increíble!!




















Ya era de noche y decidimos callejear un rato antes de volver a casa. En La Habana hay mucho ambiente por las calles, la gente está en la puerta de casa, en el balcón, hablando con la familia, con los amigos o con los vecinos.

Aunque allí era invierno hacía bastante calor así que antes de subir a casa nos tomamos una cervecita bien fría en un bar. Una vez en casa, antes de irnos a dormir estuvimos charlando un rato con Joaquín y su mujer, los dueños de la casa.

Ioana y Fermin.


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miércoles, 2 de agosto de 2017

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Nueva York Día 6 y Mexico


Hasta aquí había llegado nuestro viaje a Nueva York. Por la mañana después de hacer la maleta tuvimos tiempo para dar nuestro último paseo por los alrededores del hotel y enseguida llegó el momento de ir al aeropuerto, una pena …, pero nos esperaba la segunda parte de este viaje, Mexico, en el que lo único que íbamos hacer era comer, beber, tomar el sol, piscina, playa y ¡¡descansar!!






La verdad que, aunque anduvimos muchísimo nos quedo mucho por ver, pero no pasa nada, porque así tenemos una excusa para volver. Nueva York es una ciudad increíble y volveríamos sin dudarlo. Creo que Navidad sería una buena época …


Ioana y Fermin.
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Nueva York Día 5

Último día completo en Nueva York. Por la mañana habíamos cogido una excursión para ver el Harlem, ubicado en el norte de Manhattan y una misa Gospel.

Aquí visitamos sus iglesias, sus famosas calles, el mítico Apolo y su paseo de la fama y también asistimos a una misa Gospel. Para ver estas misas no es necesario hacerlo a través de excursiones organizadas, también podemos hacerlo por nuestra cuenta. El problema que le vimos nosotros era el miedo a quedarnos sin sitio y tener que marcharnos de Nueva York sin poder verlas ya que normalmente se celebran solo los domingos y la gente que va por libre es la última en entrar.

La excursión estuvo muy bien pero la misa Gospel nos defraudó un poco.




Tras volver de la excursión decidimos tomarnos la tarde con tranquilidad ya que eran nuestros últimos momentos en la ciudad y hasta ahora aunque tampoco habíamos corrido de un lado a otro no habíamos paseado con tranquilidad por Nueva York.



Aprovechamos para ir a algunas tiendas, pasear por más calles y por la tarde volvimos a cruzar el puente de Brooklyn para dar un paseo por Dumbo y acabar en Brooklyn Bridge Park viendo la puesta de sol. Este parque tiene mucha vida. La verdad es que esta zona de Brooklyn es muy bonita. También aprovechamos para ir a Century 21, un outlet que está cerca del One World Trade Center y que merece la pena visitar ya que tiene artículos como gafas de sol, bolsos y ropa de grandes marcas a muy buen precio.






Ioana y Fermin.





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viernes, 12 de mayo de 2017

Published viernes, mayo 12, 2017 by with 0 comment

Ver un musical en Broadway

Una de las muchas cosas que se puede y se debe hacer en Nueva York es asistir a un musical en la calle Broadway. Esta calle que a diferencia del resto de calles de Manhattan atraviesa el distrito en diagonal está repleta de teatros donde podemos disfrutar de una gran variedad de musicales. 

El precio de las entradas suele ser muy elevado (aunque como en todo, hay trucos para no pagar tanto) y a no ser que tengamos preferencia por algún musical en especial hay un lugar en el que podemos conseguir entradas a muy buen precio. Si queremos ver un musical en concreto lo mejor es adquirir las entradas online y hacerlo con mucho tiempo de antelación ya que algunas vuelan.

Hay muchas páginas web donde comprar las entradas, nosotros dejamos una que está en español: http://www.weplann.com/nueva-york.

Si, por el contrario, no tenemos un musical en mente y estamos abiertos a todos una de las maneras de no gastarnos mucho dinero es acudir a una taquilla de TKTS y elegir el que tenga un buen precio. En algunos casos hay entradas con rebajas de hasta el 50 % de su precio inicial.

Podemos encontrar estas taquillas en varios puntos en la ciudad de Nueva York, la más famosa se encuentra en Times Square bajo las escaleras rojas pero en muchas ocasiones tendremos que hacer largas colas y por ello se irán reduciendo las posibilidades de adquirir buenas entradas a buenos precios. Por ello podemos comprar las entradas en la oficina South St Seaport, al sur de Manhattan, y en la de Downtown Brooklyn. En su página web podemos ver las obras y encontrar las oficinas: https://tdf.org/.


Además de esta forma hay alguna otra para conseguir entradas baratas. Por ejemplo, la Lotería en persona, mediante la cual algunos teatros dos horas y media antes de la función sortean entradas. Para ello hay que ir al teatro, meter un papel en la cesta con tu nombre y esperar a ver si eres el afortunado que puede adquirir hasta dos entradas por persona con grandes descuentos. 

En este link dejamos las diferentes loterías que hay para conseguir entradas a buen precio: http://www.nytix.com/Broadway/.

Ioana y Fermin.
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