Hacia las siete de la mañana nos
despertó el “panadero”. Como habíamos
madrugado mucho el día anterior y por la noche nos fuimos temprano a dormir,
aprovechamos que nos despertamos pronto para seguir
descubriendo la ciudad.
Fuimos
hacia la calle Obispo en busca de un
sitio para desayunar. Hay que saber que en Cuba las cafeterías no abren muy
temprano; el horario de apertura suele ser entre las nueve y las nueve y media.
Casi llegando a la Plaza de Armas encontramos la cafetería San José con mesas
en la calle y nos pareció un buen sitio para desayunar. La cafetería tiene
dos plantas, abajo una panadería y pastelería en la que puedes comprar algo
dulce, es barato, y arriba te ponen el café y también tienen alguna cosa salada
como sándwiches.
La
calle Obispo, estrecha y peatonal, se encuentra en La Habana Vieja repleta de
bares, tiendas y galerías de arte. Dependiendo el momento en el que vayamos
está repleta de gente y tiene mucho ambiente. Muchos de los bares
tienen música en directo así que podemos animarnos a bailar. Esta
calle va desde la Plaza de Armas hasta la Avenida del Puerto, cerca de El
Floridita.
En
esta calle podemos visitar el Museo de Numismática con varias colecciones de
medallas, monedas y billetes, el Museo 28 de Septiembre de los Comités de
Defensa de la Revolución, el Museo de Pintura Mural con frescos originales y el
Edificio Santo Domingo donde en 1.728 se
estableció la Universidad de La Habana.
Ya
con las pilas cargadas comenzamos a andar. Como estábamos ya en la Plaza de Armas empezamos por ahí. Es la
plaza más antigua de la ciudad, construida en 1.520 tuvo como primer nombre
Plaza de la Iglesia pero se le conoció como Plaza de Armas cuando el Gobernador
la utilizó para llevar a cabo ejercicios militares. En el centro de la plaza
podemos encontrar una estatua de Carlos Manuel de Céspedes, en el lado este el
Palacio de los Condes de Santovenia que actualmente es un hotel y el Museo
Templete, en el lado oeste el Palacio de los Capitanes Generales que alberga el
Museo de la Ciudad, en la zona noroeste el Palacio del Segundo Cabo que sirve
como librería y en la zona de la plaza que da al mar está el Castillo de la
Real Fuerza construido entre 1.558 y 1.577 donde se encuentra el Museo de la
Navegación.
Deshicimos
unos metros de la calle Obispo para entrar en la calle
Mercaderes y recorrerla hasta llegar a la Plaza Vieja.
Esta
calle restaurada es casi igual a la original del siglo XVIII. Mientras la
recorremos podemos hacer varias paradas. El Museo Casa de Asia cuenta con
esculturas y cuadros de China y Japón, la Armería 9 de Abril es un museo que
anteriormente fue una armería y que fue asaltada el 9 de abril de 1.958 por los
revolucionarios y el Museo de los Bomberos dedicado a 19 bomberos que perdieron
la vida en un incendio ferroviario. Si al llegar a la altura de la calle
Obrapia nos desviamos en esta nos encontramos con la Casa de Africa donde
podremos ver objetos relacionados con la santería.
Después
de un buen rato llegamos a la Plaza Vieja.
Diseñada en 1.559 en sus orígenes se conocía como Plaza Nueva utilizándose para
realizar ejercicios militares. Actualmente está llena de cafés, restaurantes y
hasta una microcervecería. En ella está la escuela de primaria Ángela Landa y
podemos ver a todos sus alumnos haciendo gimnasia en una parte de ella.
Nosotros
desde aquí cogimos la calle San Ignacio para llegar a la Iglesia de San Fco. De
Paula y al Centro Cultural de los Antiguos Almacenes de Depósito San José.
Salimos
del mercado y nos dirigimos a la calle Cuba, donde se puede ver el Gimnasio de
Boxeo Rafael Trejo, la calle Acosta, calle Bernaza, Plaza del Cristo, calle
Villegas, calle Empedrado, Parque San Juan de Dios y antes de llegar a la Plaza
de la Catedral nos encontramos con la Bodeguita.
Como
con la Floridita, entramos sabiendo que no íbamos a tomar el mejor mojito de
Cuba, y así fue. El sitio es pequeño y aunque está siempre lleno de gente
conseguimos sentarnos y tomar el mojito tranquilamente. El precio del mojito es
de 5 CUC y sinceramente cualquiera de los mojitos que hemos tomado en las casas
donde nos hemos alojado era mejor que este.
Con
el mojito subiendo hacia la cabeza, seguimos el camino. Paramos en la Plaza de la Catedral para entrar a ver la Catedral de La Habana.
La
Plaza de la Catedral se construyó en el siglo XVIII siendo la más nueva de las
cuatro. Todos los edificios pertenecen al barroco cubano como la catedral de
San Cristóbal de la La Habana cuya construcción comenzó a manos de los jesuitas
en 1.748. Los restos de Colón estuvieron aquí antes de ser trasladados a la
Catedral de Sevilla.
Ya
con bastante calor continuamos por la calle Tacon y al pasar por la calle
Chacon vimos un bar que nos gustó para hacer otra parada y tomar algo que el
calor ya apretaba.
Yo
tenía muy claro que quería dar una vuelta por la ciudad montada en un coche clásico americano. Así que como ya hacía demasiado calor para andar decidimos
aprovechar esas horas para ir en el coche. Hay varios lugares en los que poder
encontrarlos. Tanto frente al Museo de la Revolución como en el Parque Central siempre se pueden encontrar.
Se
pueden hacer varios recorridos. Nosotros estábamos interesados en ir hasta la
Plaza de la Revolución que es la zona que está más alejada para ir andando.
El
recorrido de más o menos de una hora costaba 40 CUC. Como todo, se puede regatear,
pero el precio que se paga es ese. Nuestro recorrido comenzaba en
el Capitolio Nacional hacia la Universidad de La Habana para llegar a la Plaza de la Revolución, aquí hicimos una parada
para poder pasear por ella y hacernos unas fotos, continuamos hacía la
Necrópolis de Cristóbal Colón rodeándola para ir hasta el Parque Lennon,
continuar hacia la Avenida de los Presidentes y pasando junto al Hotel Nacional meternos en el Malecón para volver al
punto de partida.
Aquí está el vídeo del recorrido en coche: https://youtu.be/Duh1DazVzTQ
Casi
sin darnos cuenta ya era la hora de comer y entramos en un restaurante en la
calle Cuarteles. Al principio el sitio prometía, tenía un patio interior, una
carta bastante amplía y unos precios bajos. Cuando nos sentamos la camarera nos
trajo la carta y la sorpresa vino cuando se acercó a nosotros para ver si ya
habíamos decidido y nos dijo que solo tenía un par de cosas de la carta. Al
principio pensamos que lo lógico hubiera sido darnos ese dato antes de pasar
quince minutos eligiendo algo de la carta, pero durante los días que hemos
pasado en Cuba nos hemos dando cuenta que allí nada es lógico. De hecho, nos
pasó en más restaurantes.
A
parte de esto, cuando nos sentamos en la mesa nos dimos cuenta que no estaba
muy claro si estábamos en un restaurante o en la peluquería. Estábamos rodeados
de aparatos de peluquería.
Después
de “comer”, nos dirigimos a la calle Obispo donde hay una pizzería que está muy
bien. Yo aproveche para comer una, en el restaurante anterior no había podido
comer nada y Fermín se cogió un helado.
Otro
de los lugares que queríamos visitar en la ciudad era el la Necrópolis de
Cristóbal Colón y Fermín tenía muchas ganas de montarse en Coco Taxi, así que
fuimos a preguntar cuanto nos cobraban por llevarnos al Cementerio ya que está
algo lejos para ir andando. El taxista nos pedía 13 CUC por el viaje de ida y
20 CUC por el viaje de ida y vuelta más el servicio de guía en el cementerio.
Nos pareció bastante caro así que decidimos no ir.
Otra
opción para llegar al cementerio era pagar 10 CUC en el autobús turístico que
tiene parada en el mismo cementerio. El problema que teníamos
era que el cementerio cierra a las cinco de la tarde y no íbamos a disponer de
mucho tiempo si usábamos este autobús.
Así
que decidimos dejar la visita al cementerio para otro día y nos fuimos a ver el
Museo de la Revolución. Se encuentra en la Avenida Bélgica y el edificio fue el
antiguo Palacio Residencial construido entre 1.913 y 1.920 y decorado en su
interior por Tiffany´s fue utilizado por varios presidentes siendo Fulgencio
Batista el último.
En
el museo podemos encontrar exposiciones y colecciones con objetos como
documentos, fotografías, armas, fotografías sobre la lucha revolucionaria y la
historia de Cuba. Por orden cronológico vamos descendiendo desde la última
planta donde nos encontramos con la cultura precolombiana del país hasta llegar
al régimen socialista actual. En el espacio posterior se encuentra el Pabellón
Granma que es un homenaje al barco que traslado a Fidel Castro desde México
hasta Cuba.
El
horario es de 9 de la mañana a 5 de la tarde y el precio de la entrada es de 8
CUC por persona y aunque hace un tiempo se cobraba por hacer fotos ahora parece
ser que no. No se puede entrar con bolso o mochila, hay que dejarla antes de
acceder al museo.
Después
de ver el museo nos dirigimos a ver el anochecer al Malecón. Era lunes, así que
no encontramos el mismo ambiente del día anterior, pero se estaba
estupendamente. Tuvimos la oportunidad de ver un rito de santería. Mientras
estábamos sentados mirando al mar y como intentaban pescar algunas personas
llegaron dos personas que se acercaron hasta el agua donde comenzaron a tirar cocos
al agua y a agitar unas maracas. La pena es que no nos enteramos que estaban
haciendo…
Desde
aquí decidimos volver a casa y comprar algo de cena por el camino. Estábamos
muy cansados y necesitábamos una ducha y descansar. Sabíamos que al día siguiente
nos esperaba un duro día y como el día anterior, al llegar a casa queriamos
charlar un rato con Joaquín y su mujer.
Ioana y Fermin.



































