Se puede decir que este fue nuestro primer viaje juntos. Aunque Madeira es una isla pequeña, la semana que estuvimos allí no fue suficiente para conocerla. Nos quedamos con ganas de haber realizado alguna levada mas.
Salimos de Madrid en vuelo directo, en unas tres horas estás allí, para alojarnos en un hotel de la capital, Funchal. En el aeropuerto recogimos el coche que habíamos alquilado. Como llegamos de noche no pudimos ver nada. Hay que tener cuidado con el alquiler de coche, las carreteras de Madeira están llenas de fuertes pendientes y si el coche no tiene mucha potencia, como el nuestro, parece que te vas a quedar en medio de las cuestas. Llegamos enseguida al hotel.
Al día siguiente pudimos ver el aeropuerto, bueno, la pista de aterrizaje, y casi mejor no haberla visto ya que todavía nos quedaba salir de allí. La pista de aterrizaje está encima de la carretera y del mar, es decir, para salir del aeropuerto pasas por debajo de la pista de aterrizaje… El primer día fue duro, sobre todo para mi, la isla esta llena de cuestas y curvas, así que hasta que me acostumbre, cada vez que me montaba en el coche empezaba a marearme (incluso sin arrancar el coche…).
Día 1.
Comenzamos a recorrer la isla por su zona suroeste. Nuestra primera visita fue a Cámara de Lobos a 5 km de Funchal, donde se ubicó el primer asentamiento de la isla en 1.430. Primero dimos un paseo por el antiguo barrio de pescadores, donde hay una pequeña playa de piedras llena de pequeñas barcas y a continuación fuimos al centro, lleno de modernos edificios. Tras abandonar este pueblo nos dirigimos a Cabo Girao, el segundo acantilado más alto del mundo, con unas vistas impresionantes.
Continuamos el día visitando Ribeira Brava, una pequeña ciudad a 15 km de Funchal, conocida por su río de 8 km de longitud con fuertes corrientes de agua. Cabe destacar la Iglesia Sao Bento famosa por sus azulejos blancos y azules. De ahí continuamos hacia Ponta do Sol, un pequeño y tranquilo pueblo que dicen ser el lugar más soleado de toda la isla. Aquí encontramos varias playas donde bañarnos y tomar el sol. Proseguimos hacia Calheta, quizás la zona más turística hasta el momento. Aquí podemos pasear por el paseo marítimo y comer en los restaurantes más prestigiosos de la isla o bañarnos en sus playas con arena dorada traida desde Marruecos o Portugal.
Para acabar nuestro recorrido llegamos a Jardim do Mar, un pequeño pueblo por el que dimos un paseo. Dispone de alguna playa, pero de piedras. Desde este punto regresamos al hotel, estábamos a 37 km de Funchal, para darnos un baño en la piscina del hotel, que aunque nuestra idea era hacer turismo, estábamos de vacaciones y también teníamos que relajarnos y descansar …
Día 2.
Para nuestro segundo día decidimos hacer algo de senderismo, en concreto la Punta de San Lorenzo, que se encuentra en el extremo oriental de la isla donde el paisaje es completamente distinto al resto de la isla, árido y con apenas vegetación. Pero a pesar de ello disfrutamos de unas vistas impresionantes.
Tras el recorrido (importante llevar agua) que está señalado en todo momento durante sus más o menos 8 km, ida y vuelta, encontramos una pequeña mini playa de arena gris y gruesa, Prahiña, en la que pudimos comer un poco de marisco, tomarnos unas cervecitas frescas y darnos unos cuantos baños en el mar. El agua estaba fresquita pero después del calor que pasamos andando nos vino de lujo.
Como salimos bien frescos de la playa decidimos visitar algún pueblo antes de regresar al hotel. La primera parada la hicimos en Machico, que se encuentra a unos 20 km de Funchal por la autopista. Se trata de un pueblo tranquilo en el que además de sus monumentos como la Iglesia Capela dos Milagres, la más antigua de la isla, también podemos disfrutar de su playa.
Continuamos hacia Camacha, pequeño pueblo situado en las colinas y centro de la industria artesana del mimbre. Tras comer en este pueblo nos dirigimos a Punta do Garajau. Aquí nos encontramos con la estatua de Cristo Rei que mira hacia el Atlántico. Las vistas son espectaculares y tenemos la posibilidad de descender 200 metros a la costa mediante un teleférico para llegar a una pequeña playa de guijarros. Desde este punto podemos observar a lo lejos las islas Desertas. Desde aquí decidimos ir al hotel a darnos un merecido baño en la piscina.
Día 3.
Tercer día en la isla y esta vez decidimos hacer un poco de montaña. La idea era hacer los Picos Ruivo y Arieiro. Subimos en coche hasta el parking y comenzamos a caminar hacia el Pico Ruivo, techo de Madeira con 1.862 metros de altitud. Para llegar a la cima pasamos por la Casa Refugio y en un poco más llegamos a la cima.
Ese día hacia mucho calor y yo todavía estaba mareada de los viajes en coche, así que decidimos dejar la otra cima sin hacer. Como acabamos antes de lo previsto, seguimos el día haciendo turismo. Comenzamos a descender con el coche por la carretera hacia Santana.
Nada más empezar nos encontramos con un parque en el que la gente estaba haciendo barbacoas. La carretera para bajar era impresionante, estaba repleta de flores y sobre todo de hortensias.
Una vez en Santana, dimos un paseo por el pueblo lleno de flores. En este pueblo situado al norte de la isla podemos ver las cashinas, típicas casas de campo, triangulares, con el techo de paja, paredes de piedra natural y flores colgando de sus ventanas. Normalmente son en color rojo o azul y suelen estar rodeadas de unos jardines repletos de flores. Es una gozada pasear por ellas y algunas se pueden visitar ya que la mayoría están deshabitadas.
Con mucha pena dejamos Santana para ir a Sao Jorge, Faial,... recorriendo así el noreste de la isla.
Continuará...
Ioana y Fermin.









