Último
día completo en Cuba. Cuando nos marchábamos la anfitriona nos pidió que nos tomáramos un café con ella.
Después de un buen rato hablando con ella nos acercamos hasta el centro para
desayunar algo ya que en la casa no daban.
Vimos
una cafetería pero no tenían nada para comer así que primero entramos a una
pastelería donde nos cargamos de pastelitos por los que pagamos 0,85 CUP. Ese
día teníamos que dejar el coche pero como al recogerlo tardaron tanto en
dárnoslo nos dijeron que no tuviésemos prisa por entregarlo y que lo podíamos
tener más horas y claro ahí entendimos todo. Lo que nos pasó a
nosotros le iba a pasar a otros porque si nosotros teníamos que dejar el coche
a las diez de la mañana pero nos permitían dejarlo a la tarde, las personas que
tenían que recogerlo a las diez de la mañana iban a tener que esperar hasta que
nosotros lo dejáramos.
Como
contábamos con que el último día en La Habana tendríamos el coche dejamos los
lugares más alejados para este día y así poder desplazarnos con el coche.
Por
el camino paramos en Playa Brisas del Mar pero estaba tan sucia que nos subimos
enseguida al coche para seguir.
Llegamos
a La Habana y nuestra primera parada fue el Castillo de los Tres Santos Reyes
Magos del Morro, construido entre 1.589 y 1.630 para proteger la entrada al
puerto de piratas e invasores. El horario de visita es de 8,00 a 20,30 horas y
tiene un precio de 6 CUC. Solo por disfrutar las vistas de la ciudad merece la
pena acercarse hasta él.
Seguimos
hacia la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña hasta llegar a la Estatua de
Cristo.
Todavía con
el coche nos acercamos hasta la Necrópolis Cristóbal Colón. Este es uno
de los cementerios más grandes de América con 56 hectáreas y destaca por sus
elaboradas estatuas de mármol. Dentro destacan el monumento a los bomberos, la
Capilla Central, la tumba de Amelia Goyri, la tumba de Eduardo Chibás, de
Carlos Finlay,… El horario de apertura es de 8,00 a 17,00 horas y en la entrada
venden una guía con un plano por 5 CUC. A nosotros nos lo dejaron gratis y a la
salida se lo devolvimos.
Como
ya teníamos hambre comimos unos sándwiches en el bar que está frente al
cementerio donde se nos unió un chico con el que estuvimos charlando un buen
rato.
Como
tampoco queríamos fastidiar mucho a los que estarían esperando nuestro coche
decidimos ir a descargar las maletas y dejar el coche. La casa en la que
habíamos estado al llegar a La Habana estaba ocupada pero su propietario,
Joaquín, nos reservó para ese día en casa de su hermana que estaba junto a la
suya. La casa era un bajo y estaba genial, con aire acondicionado y baño
propio.
Dejamos
las maletas y fuimos a dejar el coche. Estábamos muy cerca así que no tardamos
mucho en despedirnos del coche.
Por
la tarde nos dedicamos a visitar los lugares que teníamos pendientes, pasamos
por el Capitolio para ir hasta el Barrio Chino. Chinos no había… la mayoría
abandonaron la capital cuando Fidel Castro dijo la palabra socialismo. Pasamos
por la Real Fábrica de Tabacos Partagás, y volvimos a la calle Obispo para
tomar algo en la Cafetería San José.
Para
cenar nos gustó un pequeño restaurante que tenía una preciosa terraza en la
calle Avenida de las Misiones. Se llamaba Castillo de Farnés, y cenamos muy,
muy bien. El precio era algo más elevado pero como era nuestra última noche en
La Habana decidimos celebrarlo.
Ya
solo nos quedaba irnos a dormir y al día siguiente volver a casa.
Ioana
y Fermin.



























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