martes, 19 de septiembre de 2017

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Cuba Día 3 - De La Habana a Viñales



 

Día de los enamorados y que mejor manera de celebrarlo que pasando el día en el Hotel Sevilla de La Habana… Nunca hemos celebrado este día y menos mal porque hubiera sido un completo desastre.

Antes de viajar a Cuba habíamos leído algún blog y ya sabíamos lo que nos iba  suceder con el alquiler del coche así que creo que como ya estábamos mentalizados no lo llevamos muy mal.

La oficina de CubaCar situada en las galerías del Hotel Sevilla donde habíamos acordado recoger el coche abre a las nueve de la mañana (ya hemos comentado que en Cuba no son de madrugar). Fuimos antes para desayunar algo en el hotel ya que el resto de cafeterías abrían a partir de las nueve y aunque el coche lo recogíamos a las diez ya teníamos el miedo metido en el cuerpo.

A las nueve menos cuarto estábamos frente a la puerta nosotros y otra pareja. De repente llegó un chico que se nos puso delante sin decir nada. Cuando llegaron los de la oficina el chico fue a entrar así que con mucho miedo (llevaba cara de pocos amigos) le tuvimos que decir que nosotros también estábamos esperando.

El señor de la oficina, Fidel, nos dijo que estaban preparando nuestro coche y que en cuanto estuviese listo nos lo daba. Él calculó que estaría listo sobre las diez o diez y media de la mañana.

Al salir de la oficina vimos que el número de gente esperando iba en aumento…

Mientras tanto decidimos ir a buscar nuestras maletas, la casa donde nos alojábamos estaba muy cerca, cruzando el Paseo de Martí, así que fuimos andando. Recogimos todo y nos despedimos de Joaquín y su mujer, llegamos a la oficina y dejamos las maletas allí y salimos a la galería del hotel a esperar.

Allí nos juntamos con el resto de personas que estaban esperando, tres parejas y dos chicos. A los dos chicos les dieron enseguida el coche ya que estos habían alquilado un coche de gama superior. Las tres parejas teníamos alquilado un coche económico y aquí es donde tienen el problema. Los coches pertenecen al estado, ellos son los intermediarios, así que aunque en las oficinas de alquiler te aseguren los coches, una vez que llegas a la oficina puede que tu coche no este.

A las diez y media me acerqué a la oficina para preguntar por nuestro coche. Fidel me dijo que seguían preparándolo y que no tardaría mucho. Pues nada, de vuelta a las escaleras a esperar. Mientras estuvimos hablando con una de las parejas sobre la situación. Ellos nos contaron que el chico que se nos quería colar tenía que haber recogido el coche el día anterior, pero que después de estar todo el día esperando a su coche no se lo dieron. En ese momento entendimos la mala leche que llevaba y si lo hubiésemos sabido le hubiéramos dejado pasar primero.

El chico había conseguido alquilar otro coche con otra empresa y venía a cancelar el contrato que tenía con esta. Aunque nosotros ya estábamos concienciados de que íbamos a perder todo el día allí nos empezó a preocupar quedarnos ese día sin coche y tener que buscar una casa para dormir, así que decidí volver a hablar con Fidel.

Eran ya las once y media de la mañana y me metí en la oficina para preguntar dónde estaba nuestro coche. En ese momento Fidel me explicó que lo estaban buscando, que no tenían coches y que estaba tratando de conseguir tres coches por todos los medios. Bueno, yo no quería ponerme a malas ya que no haría sino empeorar la situación y, con buena cara, le comenté que por favor me dijera si íbamos a disponer de coche antes de las tres del mediodía. Nosotros ese día queríamos viajar hasta Viñales y el trayecto era bastante largo. No queríamos que el primer día con el coche se nos hiciera de noche en la carretera ya que no conocíamos el estado de las carreteras. Él me dijo que ese día nos iba a dar un coche pero que no sabía la hora.

Una de las opciones era dormir en el Hotel Sevilla pero el precio de la habitación se nos iba de presupuesto.

Y en estas situaciones es cuando conoces y aprendes la situación de Cuba. Estábamos en el hotel, sin un sitio donde dormir esa noche y sin un coche, el cual, habíamos reservado desde España y nos habían garantizado la disponibilidad, lo teníamos pagado (es muy caro el alquiler) y no podíamos reclamar en ningún sitio. Y nadie se hacía responsable de esa situación.

No nos quedaba más remedio que seguir esperando…

Hacia las tres de la tarde se acercó Fidel y nos dijo a las tres parejas que ya nos habían encontrado coche. Yo todavía no me lo creía. Entre que hicimos el papeleo y trajeron el coche salimos de La Habana a las cuatro de la tarde.

El coche no era el que pensábamos. Nos habían adjudicado un Geely pero nos trajeron un Kia Picanto automático. Era tan pequeño que solo nos entraba una maleta en el maletero así que tuvimos que llevar la otra maleta y las mochilas en los asientos traseros. Cuando terminemos de contar nuestros días de viaje por Cuba escribiremos sobre como organizamos el viaje y reservamos coche y alojamientos y algunas cosas que nos parecen interesantes y que nos hubiera gustado saber antes de llegar a Cuba.

 
Nos costó un poco salir pero una vez que cogimos la autopista no paramos hasta llegar a Viñales sobre las siete de la tarde, vimos el anochecer entrando en el pueblo. En total hay unos 200 kilometros y nos costó recorrerlos tres horas. Aquí dejamos un enlace al vídeo del recorrido donde se puede ver el estado de las carreteras:
https://youtu.be/6QDlhTPuNME

La autopista no está muy mal, siempre hay que ir pendiente porque hay zonas con agujeros pero también hay que tener cuidado con los animales, las personas, los carros de caballos, y con el resto de vehículos que cruzan por cualquier sitio.

Cuando llevábamos recorrido la mitad del camino… ¡parada de la policía! Al otro lado de la autopista había un puesto con un policía el cual se la cruzó para pararnos y preguntarnos si llevábamos tabaco…además de pedirnos pasaportes y varias preguntas que no le interesaban tanto como la del tabaco.

Ese día (igual que el resto de días hasta el final del viaje) no teníamos nada reservado para dormir así que nada más llegar nos pusimos a buscar. Estaba todo completo pero al final nos buscaron casa, El Veguero. Estaba antes de entrar al pueblo y el dueño de la casa vino a buscarnos al pueblo ya que era de noche y nos iba costar encontrar el camino. El precio de la habitación con baño privado fue de 30 CUC la noche. La habitación era muy grande, tenía dos camas de matrimonio y el baño estaba bastante bien. Fuera tenían un porche donde cenábamos y desayunábamos junto con gatos, gallinas, patos,… En esta casa no tuvimos mucho contacto con los dueños ya que la habitación estaba separada del resto de la casa.

Esa noche nos pusieron la cena, luego unos mojitos y después de hablar un poco con ellos nos fuimos a dormir.

El precio de la cena fue de 10 CUC por persona, los mojitos o cuba libres costaban 3 CUC y, las cervezas y los refrescos 2 CUC. 



Aunque no tardamos mucho en encontrar habitación esa noche, Viñales es un lugar muy visitado y creemos que en determinadas épocas es conveniente reservarlo con antelación. Nosotros no tuvimos muchas opciones para elegir. Además en estas zonas más turísticas los precios también son más elevados y podemos encontrar mayor variedad de restaurantes y bares.

Ioana y Fermin.
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domingo, 10 de septiembre de 2017

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Cuba Día 2 - La Habana



Hacia las siete de la mañana nos despertó el “panadero”.  Como habíamos madrugado mucho el día anterior y por la noche nos fuimos temprano a dormir, aprovechamos que nos despertamos pronto para seguir descubriendo la ciudad.



Fuimos hacia la calle Obispo en busca de un sitio para desayunar. Hay que saber que en Cuba las cafeterías no abren muy temprano; el horario de apertura suele ser entre las nueve y las nueve y media. Casi llegando a la Plaza de Armas encontramos la cafetería San José con mesas en la calle y nos pareció un buen sitio para desayunar. La cafetería tiene dos plantas, abajo una panadería y pastelería en la que puedes comprar algo dulce, es barato, y arriba te ponen el café y también tienen alguna cosa salada como sándwiches.






La calle Obispo, estrecha y peatonal, se encuentra en La Habana Vieja repleta de bares, tiendas y galerías de arte. Dependiendo el momento en el que vayamos está repleta de gente y tiene mucho ambiente. Muchos de los bares tienen música en directo así que podemos animarnos a bailar. Esta calle va desde la Plaza de Armas hasta la Avenida del Puerto, cerca de El Floridita.
 

En esta calle podemos visitar el Museo de Numismática con varias colecciones de medallas, monedas y billetes, el Museo 28 de Septiembre de los Comités de Defensa de la Revolución, el Museo de Pintura Mural con frescos originales y el Edificio Santo  Domingo donde en 1.728 se estableció la Universidad de La Habana.



Ya con las pilas cargadas comenzamos a andar. Como estábamos ya en la Plaza de Armas empezamos por ahí. Es la plaza más antigua de la ciudad, construida en 1.520 tuvo como primer nombre Plaza de la Iglesia pero se le conoció como Plaza de Armas cuando el Gobernador la utilizó para llevar a cabo ejercicios militares. En el centro de la plaza podemos encontrar una estatua de Carlos Manuel de Céspedes, en el lado este el Palacio de los Condes de Santovenia que actualmente es un hotel y el Museo Templete, en el lado oeste el Palacio de los Capitanes Generales que alberga el Museo de la Ciudad, en la zona noroeste el Palacio del Segundo Cabo que sirve como librería y en la zona de la plaza que da al mar está el Castillo de la Real Fuerza construido entre 1.558 y 1.577 donde se encuentra el Museo de la Navegación.








Deshicimos unos metros de la calle Obispo para entrar en la calle Mercaderes y recorrerla hasta llegar a la Plaza Vieja.



Esta calle restaurada es casi igual a la original del siglo XVIII. Mientras la recorremos podemos hacer varias paradas. El Museo Casa de Asia cuenta con esculturas y cuadros de China y Japón, la Armería 9 de Abril es un museo que anteriormente fue una armería y que fue asaltada el 9 de abril de 1.958 por los revolucionarios y el Museo de los Bomberos dedicado a 19 bomberos que perdieron la vida en un incendio ferroviario. Si al llegar a la altura de la calle Obrapia nos desviamos en esta nos encontramos con la Casa de Africa donde podremos ver objetos relacionados con la santería.






Después de un buen rato llegamos a la Plaza Vieja. Diseñada en 1.559 en sus orígenes se conocía como Plaza Nueva utilizándose para realizar ejercicios militares. Actualmente está llena de cafés, restaurantes y hasta una microcervecería. En ella está la escuela de primaria Ángela Landa y podemos ver a todos sus alumnos haciendo gimnasia en una parte de ella.



Nosotros desde aquí cogimos la calle San Ignacio para llegar a la Iglesia de San Fco. De Paula y al Centro Cultural de los Antiguos Almacenes de Depósito San José.






Salimos del mercado y nos dirigimos a la calle Cuba, donde se puede ver el Gimnasio de Boxeo Rafael Trejo, la calle Acosta, calle Bernaza, Plaza del Cristo, calle Villegas, calle Empedrado, Parque San Juan de Dios y antes de llegar a la Plaza de la Catedral nos encontramos con la Bodeguita.



 







Como con la Floridita, entramos sabiendo que no íbamos a tomar el mejor mojito de Cuba, y así fue. El sitio es pequeño y aunque está siempre lleno de gente conseguimos sentarnos y tomar el mojito tranquilamente. El precio del mojito es de 5 CUC y sinceramente cualquiera de los mojitos que hemos tomado en las casas donde nos hemos alojado era mejor que este.




Con el mojito subiendo hacia la cabeza, seguimos el camino. Paramos en la Plaza de la Catedral para entrar a ver la Catedral de La Habana.



La Plaza de la Catedral se construyó en el siglo XVIII siendo la más nueva de las cuatro. Todos los edificios pertenecen al barroco cubano como la catedral de San Cristóbal de la La Habana cuya construcción comenzó a manos de los jesuitas en 1.748. Los restos de Colón estuvieron aquí antes de ser trasladados a la Catedral de Sevilla.  





Ya con bastante calor continuamos por la calle Tacon y al pasar por la calle Chacon vimos un bar que nos gustó para hacer otra parada y tomar algo que el calor ya apretaba.



Yo tenía muy claro que quería dar una vuelta por la ciudad montada en un coche clásico americano. Así que como ya hacía demasiado calor para andar decidimos aprovechar esas horas para ir en el coche. Hay varios lugares en los que poder encontrarlos. Tanto frente al Museo de la Revolución como en el Parque Central siempre se pueden encontrar.



Se pueden hacer varios recorridos. Nosotros estábamos interesados en ir hasta la Plaza de la Revolución que es la zona que está más alejada para ir andando.



El recorrido de más o menos de una hora costaba 40 CUC. Como todo, se puede regatear, pero el precio que se paga es ese. Nuestro recorrido comenzaba en el Capitolio Nacional hacia la Universidad de La Habana para llegar a la Plaza de la Revolución, aquí hicimos una parada para poder pasear por ella y hacernos unas fotos, continuamos hacía la Necrópolis de Cristóbal Colón rodeándola para ir hasta el Parque Lennon, continuar hacia la Avenida de los Presidentes y pasando junto al Hotel Nacional meternos en el Malecón para volver al punto de partida.

Aquí está el vídeo del recorrido en coche:  https://youtu.be/Duh1DazVzTQ





Casi sin darnos cuenta ya era la hora de comer y entramos en un restaurante en la calle Cuarteles. Al principio el sitio prometía, tenía un patio interior, una carta bastante amplía y unos precios bajos. Cuando nos sentamos la camarera nos trajo la carta y la sorpresa vino cuando se acercó a nosotros para ver si ya habíamos decidido y nos dijo que solo tenía un par de cosas de la carta. Al principio pensamos que lo lógico hubiera sido darnos ese dato antes de pasar quince minutos eligiendo algo de la carta, pero durante los días que hemos pasado en Cuba nos hemos dando cuenta que allí nada es lógico. De hecho, nos pasó en más restaurantes.



A parte de esto, cuando nos sentamos en la mesa nos dimos cuenta que no estaba muy claro si estábamos en un restaurante o en la peluquería. Estábamos rodeados de aparatos de peluquería.



Después de “comer”, nos dirigimos a la calle Obispo donde hay una pizzería que está muy bien. Yo aproveche para comer una, en el restaurante anterior no había podido comer nada y Fermín se cogió un helado.





Otro de los lugares que queríamos visitar en la ciudad era el la Necrópolis de Cristóbal Colón y Fermín tenía muchas ganas de montarse en Coco Taxi, así que fuimos a preguntar cuanto nos cobraban por llevarnos al Cementerio ya que está algo lejos para ir andando. El taxista nos pedía 13 CUC por el viaje de ida y 20 CUC por el viaje de ida y vuelta más el servicio de guía en el cementerio. Nos pareció bastante caro así que decidimos no ir.



Otra opción para llegar al cementerio era pagar 10 CUC en el autobús turístico que tiene parada  en  el mismo cementerio. El problema que teníamos era que el cementerio cierra a las cinco de la tarde y no íbamos a disponer de mucho tiempo si usábamos este autobús.



Así que decidimos dejar la visita al cementerio para otro día y nos fuimos a ver el Museo de la Revolución. Se encuentra en la Avenida Bélgica y el edificio fue el antiguo Palacio Residencial construido entre 1.913 y 1.920 y decorado en su interior por Tiffany´s fue utilizado por varios presidentes siendo Fulgencio Batista el último.



En el museo podemos encontrar exposiciones y colecciones con objetos como documentos, fotografías, armas, fotografías sobre la lucha revolucionaria y la historia de Cuba. Por orden cronológico vamos descendiendo desde la última planta donde nos encontramos con la cultura precolombiana del país hasta llegar al régimen socialista actual. En el espacio posterior se encuentra el Pabellón Granma que es un homenaje al barco que traslado a Fidel Castro desde México hasta Cuba.



El horario es de 9 de la mañana a 5 de la tarde y el precio de la entrada es de 8 CUC por persona y aunque hace un tiempo se cobraba por hacer fotos ahora parece ser que no. No se puede entrar con bolso o mochila, hay que dejarla antes de acceder al museo.







Después de ver el museo nos dirigimos a ver el anochecer al Malecón. Era lunes, así que no encontramos el mismo ambiente del día anterior, pero se estaba estupendamente. Tuvimos la oportunidad de ver un rito de santería. Mientras estábamos sentados mirando al mar y como intentaban pescar algunas personas llegaron dos personas que se acercaron hasta el agua donde comenzaron a tirar cocos al agua y a agitar unas maracas. La pena es que no nos enteramos que estaban haciendo…








 

Desde aquí decidimos volver a casa y comprar algo de cena por el camino. Estábamos muy cansados y necesitábamos una ducha y descansar. Sabíamos que al día siguiente nos esperaba un duro día y como el día anterior, al llegar a casa queriamos charlar un rato con Joaquín y su mujer.

Ioana y Fermin.
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