miércoles, 3 de agosto de 2016

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Escapada a Oporto (Parte I)

Cómo los dos teníamos unos días libres en enero decidimos hacer una escapada a Oporto. El día 1 de enero y a pesar de que Fermín estaba con fiebre (es un valiente) salimos hacia allí. Para no pasar tantas horas en la carretera paramos en León y pasamos la noche allí. Y ya que estábamos pues aprovechamos para conocerlo y disfrutar de sus tapas.


No es una ciudad muy grande así que dando un paseo nos acercamos al centro para ir a cenar unas tapas en su famosa Plaza San Martín en el Barrio Húmedo. Algunos de los bares en los que entramos fueron El Rebote, cuya tapa es una croqueta, de la cual tienes varios tipos a elegir, también nos pasamos por La Bicha, uno de los más míticos, en el que la tapa es morcilla con sabor picadillo. El bar es muy pequeño, el dueño es peculiar y tiene varios letreros curiosos en las paredes. Nos pasamos por otro bar del que no recordamos el nombre y la tapa era un pintxo de chorizo. Con esto fue suficiente ya que las tapas tienen un tamaño considerado.




A la mañana siguiente antes de salir hacia Oporto nos acercamos al centro ya que habíamos visto una chocolatería el día anterior para desayunarnos una buena taza de chocolate caliente con churros y así poder aguantar mejor el frío que hacia. Después del desayuno como yo nunca antes había estado en León visitamos la catedral y callejeamos un poco.


Llegamos a Oporto y nos alojamos en el hotel. Aunque estaba algo alejado del centro teníamos buena comunicación de autobuses urbanos que cogíamos cerca del hotel y nos dejaban en la Plaza de la Libertad. Aprovechando que el hotel tenía piscina decidimos darnos un baño antes de salir a cenar algo.


Día 1 en Oporto.

Con tranquilidad, ya que Fermín seguía con fiebre, comenzamos a ver la ciudad por el Castelo de Sao Joao de Foz desde donde fuimos paseando por la Avenida de D. Carlos I hacia el Farol de Sao Miguel. Ese día cogimos ticket para usar el autobús turístico así que en lugar de ir andando desde ahí hasta el centro nos montamos en el autobús y aprovechamos para visitar los lugares más alejados. Cruzando por el puente de D. Luis I pasamos a la otra margen del río. 


Después de una buena vuelta en el autobús nos bajamos en la Plaza de la Libertad ubicada en el centro de la ciudad. En el centro de la plaza destaca la estatua del rey Pedro IV. Desde está plaza comienza la Avenida de los Aliados en la que encontramos edificios modernistas de principios del S. XX como el Ayuntamiento y un espectacular McDonals con una peculiar decoración. Merece la pena entrar a verlo.



Cogimos dirección al río callejeando, porque ningún sitio de Oporto tiene desperdicio, para llegar a la orilla del río. Vaya ambiente tenia esta zona, gente paseando, sentada en las terrazas, puestos de diferentes artículos… 


Dejamos el río para meternos hacía el noroeste por más calles y callejas hasta que encontramos un restaurante para poder comer una francesinha. Estos son unos sandwiches rellenos de diversos embutidos y carne recubierto  con lonchas de queso gratinado y bañado en una salsa picante de tomate y cerveza acompañado de patatas fritas. Casi nada ehhhhh, si eso no le quitaba la fiebre no sé que se la quitaría… Yo me conformé con un plato de pasta que, por cierto, estaba muy buena.


Después de esto nos tocó subir (Oporto tiene buenas cuestas) hasta la Torre de los Clérigos. Se trata de uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad, de estilo barroco, con 76 m de altura y más de 200 escalones. A pesar de ello decidimos subir para poder disfrutar de las vistas.

Además de la torre también se puede visitar la iglesia a la que pertenece.

Tras ver la iglesia y de camino a coger el autobús para volver al hotel entramos a ver la famosa librería Lello.  Esta es famosa por haberse rodado en ella varias escenas de la película de Harry Potter y la verdad es que es preciosa. No es muy grande y suelen visitarla unas 4.000 personas diarias por lo que la cola para entrar está asegurada. 





Continuará...
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viernes, 29 de julio de 2016

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Aitzulo

Esta salida la realizamos con la gente del club de montaña, el Mendizale Txuri-Urdinak, en la que combinamos monte y gastronomía. 

Llegamos a Araotz y aparcamos cerca de la Iglesia. Desde ahí cogimos una senda que nos bajó primero por unas escaleras de piedra y después por un camino de asfalto al cruce donde por pista asfaltada comenzamos a subir y subir. Llegamos a un cruce donde dejando la ermita Santikrutz a la izquierda nosotros cogimos el cruce que va a la derecha. Continuamos hasta encontrarnos con otro cruce en el que cogimos el de la izquierda para al poco rato dejar la pista y meternos por monte. 


Siguiendo una senda no muy marcada fuimos poco a poco ascendiendo entre caballos y vacas para llegar a la cima del Orkatzategi (866 m). 


Las vistas...




Tras unas fotos y reagruparnos todos comenzamos a descender por el lado contrario por el que habíamos subido. Después de un rato bajando hay que desviarse a la derecha para poder ver la Cueva Aitzulo, situada en las Peñas de Urrexolaes que aunque se puede ver desde la carretera que une Oñati con el Santuario de Arantzazu merece la pena subir hasta ella para disfrutarla y ver las vistas desde ella. 







Después de un descanso que aprovechamos para almorzar, continuamos bajando, pasando por la ermita de San Elias y llegando al pueblo y metiéndonos por una senda llena de vegetación que pasaba por un molino para así evitar andar por la carretera. Ya sólo nos quedaba subir la cuesta hasta la ermita y volver a la sociedad gastronómica a por la segunda parte de la salida que con este paseo nos la habíamos ganado.



En el siguiente enlace está el track del recorrido:



Ioana y Fermin
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domingo, 24 de julio de 2016

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Kapitate desde la Ermita de SantaTeodosia

No llevábamos ningún track del recorrido pero no tiene ninguna dificultad. Comenzamos en la ermita de Santa Teodosia, en San Vicente de Arana, a la cual se puede acceder en coche. Comenzamos a andar dejando a nuestra espalda la ermita para subir un poco y coger un sendero que aunque no está muy marcado no tiene ninguna dificultad. 

Nos adentramos en un hayedo para en poco rato salir a una zona despejada donde pudimos disfrutar de las vistas del Valle de Arana con el León Dormido, Ioar y Kostalera detrás.


Continuamos caminando sin un sendero definido pero siguiendo los cortados. 


Llegamos al Kapitate (1.121 m) desde donde podemos seguir viendo el Valle de Arana. Nuestra idea era ir a buscar las neveras que hay por esa zona pero no conseguimos encontrarlas así que continuamos en dirección a San Cristobal.


Como habíamos perdido tiempo buscando las neveras decidimos no llegar hasta el San Cristobal y en Puerto Nuevo comenzamos a descender hacia Ullibarri Arana. El descenso primero se realiza por un sendero entre hayas hasta llegar a la balsa que, merece la pena ir a verla. De la balsa a Ullibarri Arana el camino es pista.


Nosotros no teníamos que volver a Santa Teodosia a por el coche pero  en el caso de tener que hacerlo antes de llegar a Ullibarri Arana sale una pista a la derecha que se dirige primero a Alda y después a San Vicente de Arana donde solo quedará subir a la ermita de Santa Teodosia.

También está la opción de antes de bajar por Puerto Nuevo ir a hacer la cima de San Cristobal, bajar a Contrasta y volver por otro sitio al punto de salida. Como nosotros no hicimos el recorrido completo os dejamos un track que hemos encontrado y que está muy bien.



Ioana y Fermin.
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miércoles, 20 de julio de 2016

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Madeira, un jardín en el Atlántico (Parte II)

Día 4.

Para el cuarto día en Madeira decidimos volver hacer senderismo y para ello elegimos una de las muchas levadas que tiene la isla, Camino do Pinaculo e Folhadal (PR 17). Las levadas son canales o acueductos que se crearon originalmente para abastecer el sur de la isla y el sendero va pegado a ellas. El recorrido comienza en la zona de la Encumeada, en el centro de la isla,  hasta llegar a la zona de Lombo do Mouro, teniendo que pasar por varios túneles.



Después del paseo decidimos ir hacia el noreste de la isla. La primera parada la hicimos en la Cueva de Sao Vicente, donde realizamos una visita guiada por dentro de la cueva ,de media hora, recorriendo sus túneles y viendo sus lagos de aguas transparentes.

A continuación nos dirigimos a Seixal, donde dimos un paseo por el pueblo y por su pequeño muelle desde donde se pueden ver las cascadas que caen por los acantilados a ambos lados del pueblo. Este pueblo tiene una pequeña playa de arena gris y una piscina natural.


Seguimos nuestra ruta turística hacia Porto Moniz, donde cabe destacar sus piscinas naturales en rocas volcánicas para seguir hacia Santa y continuar hasta Ponta do Pargo. Dejamos el coche en el faro y anduvimos un poco hasta llegar a los acantilados, donde se estaba increíblemente bien.




Una vez recorrida la parte noreste, regresamos por la zona que habíamos visitado el primer día para volver a tiempo de darnos un baño en la piscina del hotel.


Día 5.

Ya habíamos hecho senderismo, turismo y montaña así que en el quinto día decidimos darnos un paseo en barco. Sin apenas desayunar fuimos al puerto de Funchal donde nos montamos en el Catamaran con el que primero nos dedicamos a observar ballenas y delfines,  y después nos acercamos a una pequeña cala para darnos un baño justo debajo de Cabo Girao. La excursión en barco nos permitió ver la zona sur de la isla desde el mar.



Llegamos a comer al puerto y ya que estábamos allí aprovechamos para comer un poco de pescado. La tarde la dedicamos a hacer unas compras y como no a darnos un baño en la piscina del hotel.


Día 6.

Sexto y último día completo que nos quedaba. Para este día teníamos previsto hacer otra levada, está vez la de Caldeirao Verde (PR9). Así como en la otra que hicimos fuimos prácticamente todo el camino solos, en este había mucha más gente, lo que nos hizo tener que parar muchas veces para dejar paso.

El recorrido comienza en la casa de las Queimadas, y siguiendo el canal de agua y pasando algunos túneles llegamos al final del recorrido donde nos encontramos con una gran cascada sobre un pequeño lago. La vuelta la hicimos por el mismo camino de ida. Después visitamos de nuevo Santana y así aprovechamos para comprar semillas de flores para traérnoslas a casa.





Día 7.

Solo disponíamos de la mañana ya que por la tarde teníamos el vuelo de regreso. Primero fuimos al barrio de Monte para ver como descendían los carinhos do cesto, se trata de unos carros de cesto dirigidos por dos conductores que los empujan cuesta abajo.

Y como habíamos visto pocas flores durante nuestra estancia en Madeira entramos a ver el Jardín Botánico. La verdad es que yo no he estado en muchos pero este nos pareció muy bonito.




De aquí nos fuimos al aeropuerto a dejar el coche. Tocaba salir de allí por esa pista que acaba en el mar pero a pesar de que parece corta y piensas que no es suficiente para despegar, si lo fue.Aunque los primeros días fueron muy duros fue una pena dejar la isla, ya me había acostumbrado a sus carreteras y todavía nos quedaban muchas cosas por ver y muchas levadas que hacer. Sin duda, Madeira es un lugar con el que repetiríamos ya que es perfecto para hacer senderismo.

Ioana y Fermin.
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domingo, 17 de julio de 2016

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Madeira, un jardín en el Atlántico (Parte I)


Se puede decir que este fue nuestro primer viaje juntos. Aunque Madeira es una isla pequeña, la semana que estuvimos allí no fue suficiente para conocerla. Nos quedamos con ganas de haber realizado alguna levada mas.

Salimos de Madrid en vuelo directo, en unas tres horas estás allí, para alojarnos en un hotel de la capital, Funchal. En el aeropuerto recogimos el coche que habíamos alquilado. Como llegamos de noche no pudimos ver nada. Hay que tener cuidado con el alquiler de coche, las carreteras de Madeira están llenas de fuertes pendientes y si el coche no tiene mucha potencia, como el nuestro, parece que te vas a quedar en medio de las cuestas. Llegamos enseguida al hotel.

Al día siguiente pudimos ver el aeropuerto, bueno, la pista de aterrizaje, y casi mejor no haberla visto ya que todavía nos quedaba salir de allí. La pista de aterrizaje está encima de la carretera y del mar, es decir, para salir del aeropuerto pasas por debajo de la pista de aterrizaje… El primer día fue duro, sobre todo para mi, la isla esta llena de cuestas y curvas, así que hasta que me acostumbre, cada vez que me montaba en el coche empezaba a marearme (incluso sin arrancar el coche…).


Día 1.

Comenzamos a recorrer la isla por su zona suroeste. Nuestra primera visita fue a Cámara de Lobos a 5 km de Funchal, donde se ubicó el primer asentamiento de la isla en 1.430. Primero dimos un paseo por el antiguo barrio de pescadores, donde hay una pequeña playa de piedras llena de pequeñas barcas y a continuación fuimos al centro, lleno de modernos edificios. Tras abandonar este pueblo nos dirigimos a Cabo Girao, el segundo acantilado más alto del mundo, con unas vistas impresionantes.



Continuamos el día visitando Ribeira Brava, una pequeña ciudad a 15 km de Funchal, conocida por  su río de 8 km de longitud con fuertes corrientes de agua. Cabe destacar la Iglesia Sao Bento famosa por sus azulejos blancos y azules.  De ahí continuamos hacia Ponta do Sol, un pequeño y tranquilo pueblo que dicen ser el lugar más soleado de toda la isla. Aquí encontramos varias playas donde bañarnos y tomar el sol. Proseguimos hacia Calheta, quizás la zona más turística hasta el momento. Aquí podemos pasear por el paseo marítimo y comer en los restaurantes más prestigiosos de la isla o bañarnos en sus playas con arena dorada traida desde Marruecos o Portugal. 

Para acabar nuestro recorrido llegamos a Jardim do Mar, un pequeño pueblo por el que dimos un paseo. Dispone de alguna playa, pero de piedras. Desde este punto regresamos al hotel, estábamos a 37 km de Funchal, para darnos un baño en la piscina del hotel, que aunque nuestra idea era hacer turismo, estábamos de vacaciones y también teníamos que relajarnos y descansar …


Día 2.

Para nuestro segundo día decidimos hacer algo de senderismo, en concreto la Punta de San Lorenzo, que se encuentra en el extremo oriental de la isla donde el paisaje es completamente distinto al resto de la isla, árido y con apenas vegetación. Pero a pesar de ello disfrutamos de unas vistas impresionantes. 

Tras el recorrido (importante llevar agua) que está señalado en todo momento durante sus más o menos 8 km, ida y vuelta, encontramos una pequeña mini playa de arena gris y gruesa, Prahiña, en la que pudimos comer un poco de marisco, tomarnos unas cervecitas frescas y darnos unos cuantos baños en el mar. El agua estaba fresquita pero después del calor que pasamos andando nos vino de lujo.


 

Como salimos bien frescos de la playa decidimos visitar algún pueblo antes de regresar al hotel. La primera parada la hicimos en Machico, que se encuentra a unos 20 km de Funchal por la autopista. Se trata de un pueblo tranquilo en el que además de sus monumentos como la Iglesia Capela dos Milagres, la más antigua de la isla, también podemos  disfrutar de su playa. 

Continuamos hacia Camacha, pequeño pueblo situado en las colinas y centro de la industria artesana del mimbre. Tras comer en este pueblo nos dirigimos a Punta do Garajau. Aquí nos encontramos con la estatua de Cristo Rei que mira hacia el Atlántico. Las vistas son espectaculares y tenemos la posibilidad de descender 200 metros a la costa mediante un teleférico para llegar a una pequeña playa de guijarros. Desde este punto podemos observar a lo lejos las islas Desertas. Desde aquí decidimos ir al hotel a darnos un merecido baño en la piscina.


Día 3.

Tercer día en la isla y esta vez decidimos hacer un poco de montaña. La idea era hacer los Picos Ruivo y Arieiro. Subimos en coche hasta el parking y comenzamos a caminar hacia el Pico Ruivo, techo de Madeira con 1.862 metros de altitud. Para llegar a la cima pasamos por la Casa Refugio y en un poco más llegamos a la cima. 

Ese día hacia mucho calor y yo todavía estaba mareada de los viajes en coche, así que decidimos dejar la otra cima sin hacer. Como acabamos antes de lo previsto, seguimos el día haciendo turismo. Comenzamos a descender con el coche por la carretera hacia Santana. 


Nada más empezar nos encontramos con un parque en el que la gente estaba haciendo barbacoas.  La carretera para bajar era impresionante, estaba repleta de flores y sobre todo de hortensias.


Una vez en Santana, dimos un paseo por el pueblo lleno de flores. En este pueblo situado al norte de la isla podemos ver las cashinas, típicas casas de campo, triangulares, con el techo de paja, paredes de piedra natural y flores colgando de sus ventanas. Normalmente son en color rojo o azul y suelen estar rodeadas de unos jardines repletos de flores. Es una gozada pasear por ellas y algunas se pueden visitar ya que la  mayoría están deshabitadas.


Con mucha pena dejamos Santana para ir a Sao Jorge, Faial,... recorriendo así el noreste de la isla.


Continuará...

Ioana y Fermin.
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