Cómo los dos teníamos unos días libres en enero decidimos hacer una escapada a Oporto. El día 1 de enero y a pesar de que Fermín estaba con fiebre (es un valiente) salimos hacia allí. Para no pasar tantas horas en la carretera paramos en León y pasamos la noche allí. Y ya que estábamos pues aprovechamos para conocerlo y disfrutar de sus tapas.
No es una ciudad muy grande así que dando un paseo nos acercamos al centro para ir a cenar unas tapas en su famosa Plaza San Martín en el Barrio Húmedo. Algunos de los bares en los que entramos fueron El Rebote, cuya tapa es una croqueta, de la cual tienes varios tipos a elegir, también nos pasamos por La Bicha, uno de los más míticos, en el que la tapa es morcilla con sabor picadillo. El bar es muy pequeño, el dueño es peculiar y tiene varios letreros curiosos en las paredes. Nos pasamos por otro bar del que no recordamos el nombre y la tapa era un pintxo de chorizo. Con esto fue suficiente ya que las tapas tienen un tamaño considerado.
A la mañana siguiente antes de salir hacia Oporto nos acercamos al centro ya que habíamos visto una chocolatería el día anterior para desayunarnos una buena taza de chocolate caliente con churros y así poder aguantar mejor el frío que hacia. Después del desayuno como yo nunca antes había estado en León visitamos la catedral y callejeamos un poco.
Llegamos a Oporto y nos alojamos en el hotel. Aunque estaba algo alejado del centro teníamos buena comunicación de autobuses urbanos que cogíamos cerca del hotel y nos dejaban en la Plaza de la Libertad. Aprovechando que el hotel tenía piscina decidimos darnos un baño antes de salir a cenar algo.
Día 1 en Oporto.
Con tranquilidad, ya que Fermín seguía con fiebre, comenzamos a ver la ciudad por el Castelo de Sao Joao de Foz desde donde fuimos paseando por la Avenida de D. Carlos I hacia el Farol de Sao Miguel. Ese día cogimos ticket para usar el autobús turístico así que en lugar de ir andando desde ahí hasta el centro nos montamos en el autobús y aprovechamos para visitar los lugares más alejados. Cruzando por el puente de D. Luis I pasamos a la otra margen del río.
Después de una buena vuelta en el autobús nos bajamos en la Plaza de la Libertad ubicada en el centro de la ciudad. En el centro de la plaza destaca la estatua del rey Pedro IV. Desde está plaza comienza la Avenida de los Aliados en la que encontramos edificios modernistas de principios del S. XX como el Ayuntamiento y un espectacular McDonals con una peculiar decoración. Merece la pena entrar a verlo.
Cogimos dirección al río callejeando, porque ningún sitio de Oporto tiene desperdicio, para llegar a la orilla del río. Vaya ambiente tenia esta zona, gente paseando, sentada en las terrazas, puestos de diferentes artículos…
Dejamos el río para meternos hacía el noroeste por más calles y callejas hasta que encontramos un restaurante para poder comer una francesinha. Estos son unos sandwiches rellenos de diversos embutidos y carne recubierto con lonchas de queso gratinado y bañado en una salsa picante de tomate y cerveza acompañado de patatas fritas. Casi nada ehhhhh, si eso no le quitaba la fiebre no sé que se la quitaría… Yo me conformé con un plato de pasta que, por cierto, estaba muy buena.
Después de esto nos tocó subir (Oporto tiene buenas cuestas) hasta la Torre de los Clérigos. Se trata de uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad, de estilo barroco, con 76 m de altura y más de 200 escalones. A pesar de ello decidimos subir para poder disfrutar de las vistas.
Además de la torre también se puede visitar la iglesia a la que pertenece.
Tras ver la iglesia y de camino a coger el autobús para volver al hotel entramos a ver la famosa librería Lello. Esta es famosa por haberse rodado en ella varias escenas de la película de Harry Potter y la verdad es que es preciosa. No es muy grande y suelen visitarla unas 4.000 personas diarias por lo que la cola para entrar está asegurada.
Continuará...
















































