Tocaba despedirnos de Santa Clara, nuestro viaje a Cuba empezaba a acabarse y teníamos que seguir para volver a La Habana.
Antes
de dejar la ciudad nos acercamos con el coche, esta vez íbamos tres (no sabemos
cómo conseguimos entrar los tres y nuestras maletas…), a ver el Mausoleo.
Aparcamos sin problema cerca y al acercarnos vimos que estaba cerrado, no
tenían corriente eléctrica así que no pudimos entrar. Ya nos estábamos
acostumbrando a este tipo de situaciones así que visitamos la parte que está en
el exterior y salimos de Santa Clara.
Por
el camino nos llamó la atención el
pueblo de República España y como estaba a un kilómetro nos acercamos. Seguimos
hacía Jovellanos donde hicimos una parada para comer en un pequeño puesto de
pizzas. Aquí dejamos a nuestra compañera de viaje y volvimos a ser dos en el
coche.
A
las cuatro de la tarde llegamos a Varadero y como habíamos hecho hasta ahora lo
primero que hicimos fue buscar alojamiento. No encontramos nada allí mismo pero
cerca, en Santa Marta, encontramos una habitación en una moderna casa con
jardín.
Después
de instalarnos nos acercamos hasta las famosas playas de Varadero. Primero
paseamos por las de la zona de los hoteles, pero a nosotros las playas repletas
de hamacas, sombrillas, música y tanta gente no nos gustan así que decidimos acercarnos
hasta la zona que usan los cuban@s donde había más tranquilidad, por la calle
número 13.
Entre
baños, cerveza, sol y buen ambiente la tarde pasó demasiado rápido. Por la
noche nos acercamos a cenar a un restaurante nuevo. Cenamos muy bien aunque el
precio fue un poco más elevado.
A
pesar de la fama que tiene Varadero a nosotros nos decepcionó bastante. Ya
sabíamos que nos íbamos a encontrar con playas repletas de resorts pero
pensábamos que las playas serían más espectaculares. A nosotros nos han gustado
más otras playas de Cuba, no solo por la tranquilidad de las otras playas sino
por la arena, el agua y el entorno.
Ioana
y Fermin.











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