Nos
despertamos en Santa Clara y todavía nos quedaba todo el día para disfrutar de
la ciudad más alternativa de Cuba y de su gente. Lo primero que hicimos fue
subir hasta el mirador de la loma del Capiro para disfrutar de las mejores
vistas de la ciudad. Esté fue un lugar clave para las fuerzas revolucionarias
para la liberación de la ciudad en 1.958.
Para
llegar hasta aquí desde la estatua del Che y Niño tenemos que coger una
carretera a la derecha que no tiene ninguna dificultad y es de fácil acceso.
Al
bajar nos detuvimos en la estatua del Che y Niño. Esta estatua hecha por Casto
Solano Morrayo compuesta por el Che con un bebé en su hombro que simboliza la
siguiente generación. Además podemos observar en ella esculturas más pequeñas
por el uniforme del Che como en una motocicleta recordando su viaje junto a
Alberto Granados por Sudamérica o el libro en su bolsillo recordando su pasión
por la lectura y la importancia de la formación y educación.
A
continuación nos encontramos con el Monumento a la Toma del Tren Blindado donde
tuvo lugar el descarrilamiento del tren blindado con una excavadora y cócteles
molotov caseros por parte del Che y 18 revolucionarios más derrotando a la
dictadura Batista un 29 de Diciembre de 1.958.
El
horario de este vagón-museo es de 9.00 a 17.30 H. de lunes a sábado y tiene un
precio de 1 CUC.
Por
el camino entramos en el Bar Museo Revolución, un pequeño local muy bien
decorado y en el que tomamos un zumo que estaba delicioso. Por cierto, el dueño
es español.
Teníamos
que hacer compras para la comida, en Cuba se vive al día y hay muchos productos
que no se pueden conseguir cuando se quiere así que una buena parte del día la
ocupamos en reunir toda la comida que necesitábamos. Además estuvimos comprando
productos de homeopatía y cambiando dinero en el banco, que también lleva su
tiempo.
Por
la tarde, después de una siesta, nos acercamos hasta la Estación de Tren, donde
además de conectarnos un rato a internet estuvimos paseando por los
alrededores. Lo que nos llamó la atención en la estación fue los horarios de
los trenes. Había trenes sin horario fijo, en Cuba los trenes sufren muchos
cambios así que para no perderlo hay que confirmar varias veces la salida o
llegada de los trenes en la propia estación. Con los autobuses también hay que
tener cuidado, en La Habana coincidimos un una chica italiana que nos estuvo
contando como se había tenido que quedar dos días más allí porque aunque tenía
el billete de autobús no podía viajar hasta dos días después.
Por
la noche nos juntamos a cenar, cada uno llevó lo que tenía y entre música,
comida, ron, risas y bailes pasamos una cena inolvidable. Antes de cenar el
protagonista fue el ron, había una botella en el centro de la mesa y hasta que
no se acabará no se podía empezar a comer. El segundo paso fue la comida, y ¡¡que
rica!!, y después volvió el ron, primero mientras charlábamos con un puro y
después mientras bailábamos.
Hasta
nuestra llegada a Santa Clara habíamos disfrutado de Cuba y habíamos sentido el
calor y la bondad de las personas con las que habíamos tenido contacto pero fue
aquí, en Santa Clara, donde pudimos sentir la esencia de Cuba. Como olvidar a
quienes te dan lo poco que tienen, a quienes ríen, bailan y te contagian tanta
alegría y ganas de vivir a pesar de sus dificultades, a quienes te enseñan que
no hace falta mucho para ser feliz y que cada día es importante, a quienes te
acogen entre ellos y enseguida te sientes uno más.
Ioana
y Fermin.














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